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Las áreas marinas protegidas: por qué unas funcionan y otras no
Los cinco rasgos que separan una reserva real de un parque de papel
Hay reservas marinas donde la diferencia se nota apenas cruzas la línea imaginaria: los peces son más grandes, más numerosos y menos huidizos. Y hay otras, con el mismo nombre oficial y el mismo cartel en el puerto, donde no se nota absolutamente nada. La diferencia entre ambas está bastante bien estudiada.
En este artículo vas a ver qué es un área marina protegida y qué niveles de protección existen, qué condiciones tienen que cumplirse para que produzca efectos reales, cómo beneficia también a las zonas de fuera, y por qué el porcentaje de océano protegido dice menos de lo que parece.
Es la herramienta de conservación marina más extendida y también la más malinterpretada. Entender qué separa una reserva que funciona de una nominal permite juzgar un destino, apoyar lo que sirve y no conformarse con una designación en un mapa.
No todas las protecciones son iguales
Bajo la misma etiqueta conviven regímenes completamente distintos.
Un área marina protegida es una zona con alguna forma de gestión orientada a la conservación, y esa definición es tan amplia que abarca desde una reserva integral hasta un espacio donde se permite casi toda la actividad anterior con alguna restricción menor.
El extremo estricto son las zonas de exclusión total de extracción, a menudo llamadas reservas integrales o de no extracción: no se pesca nada, por nadie, en ninguna época. Son minoría en superficie y son las que producen los efectos más claros.
En el medio están las áreas de uso regulado: se limita el tipo de arte, la temporada, las especies o el número de licencias. Pueden ser eficaces para objetivos concretos, y funcionan mucho mejor cuando se diseñan con las comunidades pesqueras que cuando se les imponen.
Y en el otro extremo están los llamados parques de papel: espacios designados oficialmente, contabilizados en las estadísticas nacionales e internacionales, sin vigilancia, sin presupuesto y sin efecto medible sobre lo que ocurre dentro.
Por eso el porcentaje de océano protegido es un indicador engañoso: la superficie designada es varias veces mayor que la superficie con protección estricta y efectiva. La cifra que importa no es cuánto se ha declarado, sino cuánto se protege de verdad.
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