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La destrucción de hábitat: cuando desaparece el sitio, no solo la especie

Costa, sedimento, anclas y fondos arrasados: la presión que borra el escenario entero

Se puede proteger una especie por ley, prohibir su captura y vigilar su cumplimiento. Pero si el lugar donde vive deja de existir, esa protección no sirve de nada. La destrucción de hábitat es la presión que elimina el escenario y con él a todo el reparto.

En este artículo vas a ver cómo se destruye el hábitat marino (desarrollo costero, sedimentación, pérdida de manglares y praderas, arrastre de fondo y fondeo), por qué la recuperación es tan lenta, y qué papel tiene el propio buceo en esa ecuación.

Es la presión menos mediática y probablemente la más determinante a escala local: un arrecife puede sobrevivir a un episodio de blanqueamiento, pero no a que lo entierren bajo el sedimento de una obra.

La franja costera, que es la que importa

La mayor parte de la vida marina que a un buceador le interesa vive en una franja estrecha junto a la costa, que es exactamente la misma franja donde se concentra la actividad humana: puertos, urbanización, turismo, industria y agricultura.

El desarrollo costero destruye hábitat de forma directa mediante rellenos, dragados, construcción de espigones y puertos deportivos, y la creación de playas artificiales. Cada una de esas obras elimina el fondo original y modifica las corrientes y el transporte de sedimento de toda la zona circundante.

El dragado tiene además un efecto que se extiende mucho más allá del área intervenida: pone en suspensión enormes cantidades de sedimento fino que la corriente distribuye por los alrededores.

Ese sedimento es uno de los grandes enemigos del arrecife. Reduce la luz que llega a los corales y a sus algas simbiontes, obliga a las colonias a gastar energía en limpiarse, entierra a los organismos fijos y impide que las larvas de coral encuentren sustrato limpio donde asentarse.

Y no viene solo de las obras: la deforestación, la agricultura y la ganadería en las cuencas fluviales aumentan la erosión del suelo, y ese material acaba descargándose en la costa con cada lluvia. Es una de las razones por las que la salud de un arrecife depende de lo que ocurra a decenas de kilómetros tierra adentro.

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