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La biodiversidad: cuánta vida hay, dónde y por qué importa

Del Triángulo de Coral al gradiente latitudinal, y por qué contar especies no basta

Se han descrito algo más de doscientas mil especies marinas y las estimaciones sobre cuántas quedan por describir se cuentan por cientos de miles. Cada expedición a un fondo poco explorado vuelve con especies nuevas. En el mar, la ignorancia sigue siendo mayor que el conocimiento.

En este artículo vas a ver qué significa biodiversidad en sus tres niveles, cómo se distribuye en el planeta y por qué, qué es el Triángulo de Coral, qué papel juega el endemismo, y por qué contar especies es una medida insuficiente frente a la diversidad de funciones.

La biodiversidad es lo que hace que un ecosistema aguante lo que le echen: cuanta más variedad de piezas y de funciones, más margen para absorber una pérdida. Es el argumento ecológico que sostiene todo lo que después se plantea en conservación.

Tres niveles, no uno

El nivel más evidente es la diversidad de especies: cuántas hay en un lugar y en qué proporciones. Se mide combinando la riqueza, el número de especies, con la equitatividad, es decir, si están repartidas de forma pareja o si una sola domina y el resto son testimoniales.

Debajo está la diversidad genética: la variabilidad dentro de cada especie. Es la que permite que una población tenga individuos algo más tolerantes al calor, a una enfermedad o a un cambio de condiciones, y por tanto la que hace posible la adaptación. Una población reducida a pocos individuos pierde esa variabilidad aunque la especie siga existiendo.

Y por encima está la diversidad de ecosistemas: cuántos tipos de hábitat distintos existen en una región. Una costa con arrecife, pradera, manglar, fondo blando y pared profunda es mucho más diversa que otra con solo arrecife, aunque el recuento de especies fuera parecido.

Los tres niveles están conectados, y la pérdida en uno se propaga a los otros. Reducir un hábitat reduce las poblaciones que dependen de él, y reducir poblaciones reduce su variabilidad genética.

Hay además un cuarto ángulo, cada vez más usado: la diversidad funcional, que cuenta cuántas maneras distintas de vivir están representadas (herbívoros que raspan, filtradores, depredadores de emboscada, excavadores) en lugar de cuántas etiquetas taxonómicas hay. Es la medida que mejor predice si un sistema va a resistir una perturbación.

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