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El oleaje: cómo el viento se convierte en olas

Energía que viaja sin que el agua viaje, y lo que pasa cuando llega a la orilla

Una boya en mar abierto sube y baja con cada ola, pero no se va a ninguna parte. Es la mejor demostración de lo que realmente ocurre: lo que viaja miles de kilómetros por el océano no es el agua, es la energía que la atraviesa.

En este artículo vas a ver cómo el viento transfiere energía a la superficie, qué describe realmente el agua bajo una ola, en qué se convierte el oleaje cuando se aleja de la tormenta que lo generó, y qué le pasa cuando llega a poca profundidad y rompe.

El oleaje decide entradas, salidas, visibilidad y comodidad en superficie. El artículo del viento cubre cómo se lee un parte y qué costa queda protegida; este cubre la física que hay detrás, que es la que permite anticipar lo que hará el mar al acercarse a la costa.

Del viento a la ola

Una transferencia progresiva, no un golpe.

Todo empieza con la fricción del viento sobre una superficie lisa. Las primeras irregularidades son diminutas, apenas un rizado, pero cambian la geometría de la superficie: a partir de ahí el viento tiene dónde empujar y la transferencia de energía se vuelve mucho más eficiente.

El proceso se retroalimenta: cuanto mayor es la ola, más superficie ofrece al viento y más energía absorbe. Por eso el mar no crece de forma lineal sino que se desarrolla, y por eso importan tanto la duración y el fetch además de la velocidad, como se detalla en el artículo del viento.

Mientras el viento sigue actuando, el resultado es un mar desordenado, con olas de muchos tamaños y periodos superpuestos, crestas cortas y rompientes ocasionales. Es el mar de viento, y su rasgo característico es el caos.

Cada ola queda descrita por tres números: la altura entre valle y cresta, la longitud entre dos crestas y el periodo, que es el tiempo que tardan dos crestas consecutivas en pasar por el mismo punto. Longitud y periodo están relacionados, y de ellos depende casi todo lo demás.

Y hay una cuarta magnitud implícita: la energía que transporta la ola, que crece muy deprisa con la altura. Duplicar la altura de una ola multiplica su energía por bastante más de dos, y eso explica por qué un mar que parece solo un poco mayor puede ser desproporcionadamente más incómodo.

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